jueves, 10 de septiembre de 2015

Schumann 7.83

Habitantes de la Tierra: Nos movemos. No es broma.
¿Evidente? No se. No tanto. Vivimos como si no lo hiciéramos.
En fin.

De la rotación y la traslación somos conscientes y estamos pendientes, cierto... pero casi por inércia y con fines más laborales que cósmicos. A nivel de calle, realizamos su seguimiento y medición mediante la observación de un Calendario (Juliano-Gregoriano) que hace aguas. Con confianza ciega y sin molestarnos en mirar al cielo.

El movimiento de precesión de los equinoccios siquiera tiene esa suerte, parece ser que nos la suda bastante... igual 25800 años se nos va de las manos. ¿Y a quién coño le importan unos grados?
Hasta aquí todo controlado. Como se supone debe ser. Movimientos limitados siempre a un mismo espacio en un mismo punto del cosmos. Un puto bucle infinito que no anuncia cambio, niega el avance y refuerza lo establecido. La legitimación cósmica perfecta para un PRESENTE PERPETUO.

¿Y si ampliamos la imágen y dejamos a la TIERRA que siga al SOL en su propio movimiento de traslación?
Joder. Nada que ver.

 Movimiento continuo a través del espacio. Resulta que nunca estamos en el mismo punto, no cruzamos la misma parte del cosmos una y otra vez, una y otra vez... ad infinitum. El Calendario Gregoriano se desvirtua ya por completo. El espejismo de un Presente Perpetuo empieza a desmoronarse a medida que la percepción e interiorización colectiva de un movimiento de avance constante se va completando.

Pero regresemos un poco más cerca. Al propio planeta, a esta semiesfera viviente de la que formamos parte. Después de tomar algo de prespectiva, centrémonos en algo más mundano: La Resonancia Schumann.

Entre la superficie de la Tierra y la parte baja de la Iosfera se genera un campo electromagnético. De éste resulta una resonancia en ondas de extrema baja freqüencia (ELF) con picos concretos y que tiende a estabilizarse, presumiblemente, a 7'83Hz. A esto se le llamó RESONANCIA SCHUMANN.

¿Y?

En todo sistema de partículas en interacción, la aproximación al equilibrio de éstas depende de la resonancia resultante de la combinación de todas las freqüencias, internas o externas, presentes. En el caso de la Tierra, esa resonancia resultante sería, precisamente, lo que llamamos Resonancia Schumann.

Ahora vayamos un poco más cerca, a nuestro cerébro, concretamente: Al hipotálamo... Regula tantas cosas que no se por dónde empezar. Desde el hambre hasta nuestras emociones, pasando por la temperatura corporal, el comportamiento sexual, conductas como la agresividad o los ciclos de sueño y sin olvidarse por ello de funciones musculares, viscerales y glandulares aparentemente autónomas. Podría seguir pero you got the idea... Pues bien, el hipotálamo, el nuestro y el de todos los mamíferos, sintoniza, casualmente, a 7'83Hz.

Estamos conectados con el Planeta. Evidente. Nosotros y de una u otra forma, todos los demás SERES que lo conforman.

Bien.

Volvamos atrás. A la Resonancia Schumann: Si ésta cambia, el Planeta cambia. Mejor dicho, si ésta es el resultado de todas las freqüencias presentes en el planeta y ésta cambia, quiere decir que el Planeta ha cambiado ya. Y el Planeta es TODO lo que hay en el, sin excepciones. TODO VIBRA.
Hay teorías que sostienen que esto está sucediendo ahora, acelerando la percepción del tiempo y acercándonos a un cambio de polaridad magnética... otras que dicen que eso es tan absurdo como questionar la teoría de la evolución. No hace falta decir de que lado se posiciona el stablishment. Sinceramente, no tengo instrumentos ni medios para posicionarme... Y la percepción no cuenta demasiado.

De todas formas no parece que haya tanta discusión en que esto ha sucedido ya en el pasado.
Y aquí es cuando volvemos al principio: Nos movemos.

Datos personales